Argentina celebra el pase a semifinales
Foto: EFE
Argentina demostró que en basquet está, una vez más, para cosas grandes. Porque en una actuación para el aplauso de pie, más allá del susto del final, le ganó bien (82-77) al clásico rival, Brasil, para clasificarse semifinalista de los Juegos Olímpicos y así acercarse un poco más hacia el objetivo de una medalla. Su próximo rival, el viernes, será Estados Unidos que superó a Australia.
Muy rápido y parejo se dio el juego en el arranque, tal como se esperaba. Con Prigioni en cancha, pese a que no llegó a esta instancia en plenitud física, Argentina buscó desequilibrar a una defensa rival a la que no fue fácil entrarle. Un detalle no menor: en muy poquitos minutos, apenas, Argentina se cargó de faltas. Pero Chapu Nocioni, autor del primer triple argentino, se fue haciendo fuerte en los dos tableros, donde lucha en ese tramo inicial se hizo titánica.
Parecía que Brasil se cortaba cuando llegó a los 18 puntos, pero ahí apareció Delfino para clavar un triple limpito, que dejó al seleccionado nacional a sólo dos puntos y con todavía mucho por jugar. Y hubo más, porque nuevamente Delfino estampó un triple para tomar la delantera y así cambiar definitivamente el rumbo.
Se daba, a esa altura, una paridad previsible entre dos equipos conocidos entre sí. Manu, algo impreciso, tardó en meterse en el partido y sin imponer su enorme calidad se fue el primer cuarto (26-23) que cerró Prigioni con un tiro de tres que pegó en la punta el aro.
Un bombazo frontal de Manu puso de pie a todos los hinchas argentinos en el estadio. Mientras que Brasil, sorpresivamente, comenzó a acumular errores. No sólo fallaba sino que además fortalecía la defensa argentina, que luchaba cada rebote como si fuese el último. En ese contexto, los de Lamas lograron _en igual grado_ efectivuidad y confianza, en tanto su adversario empezó a dudar todo y más.
Con Scola "lidiando" en posición externa, donde dio más de un dolor de cabeza, Delfino aprovechó los espacios para sumar puntos y convertirse, al promediar el segundo cuarto, en el goleador del equipo. Argentina se fue al entretiempo manejando posicionalmente la cancha, imponiendo respeto y también arriba en el tanteador (46-40) en un juego todavía para nada resuelto.
Una muestra, apenas, del nerviosismo brasileño. A 10 segundos del final del segundo cuarto, el árbitro le dio dos tiros libres a Leandrinho, habitualmente implacable desde la línea. Si embargo, erró los dos. La señal que llegaba de su banco era por demás elocuente. "Calma, calma..." pedía el técnico Magnano.
Había que ser pacientes para aguantar la ventaja. Y continuó la gran tarea defensiva argentina, que cerró todos los caminos hacia su aro. Un triple de Nocioni y un festejado doble de Manu, le dieron a Argentina la mayor ventaja hasta ahí del encuentro. Brillaba el equipo y también brillaban las individualidades. Un complemento perfecto para redondear un día soñado.
Cerrarlo, era el asunto. Frente a un Brasil dolido, también algo impotente, por no tener armas para frenar al equipo argentino, que al promediar el tercer cuarto ya mostraba un nivel muy similar al que tuvo, por ejemplo, ante los lituanos en la etapa clasificatoria.
Argentina siguió en su plenitud. Bien en los tableros (Nocioni fue u león), bien en la puntería, bien en la actitud, bien en lo psicológico, bien en el marcador... ¿Asunto cerrado? Parecía pero no, porque los brasileños despertaron y casi se ponen a tiro. Pero la Generación Dorada aguantó y se llevó un triunfo que le da crédito a su eterna ilusión, sin importar quién está enfrente.
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