María del Rosario Espinoza con su medalla de bronce.
Foto: Mexsport
Mientras en el Distrito Federal y otras ciudades de México todavía celebran el histórico golpe propinado a Brasil en Wembley, en el otro extremo de Londres, casi en silencio, una taekwondista que hace cuatro años también hizo vibrar a su país como este sábado lo consiguió el Tri, se alzaba con una medalla de bronce. Tras una jornada agotadora en la que el equipo de Tena se robó toda la atención, María del Rosario Espinoza colocó a los colores verde, blanco y rojo en el podio olímpico por segunda vez consecutiva, un logro tal vez menos "vendedor" que el del fútbol, pero igual de valioso.
Sin tantos flashes y cámaras queriendo captar hasta su más mínimo gesto como ocurrió cuando ganó el oro en Beijing, la mexicana cambió el rostro adusto luego de quedar eliminada en cuartos de final por uno de alegría contagiosa. "Estoy contenta, satisfecha con el desempeño y con el resultado aunque no fue la de oro. Por suerte ya se terminó el día", dice la sinaloense, quien además de cansancio exhibe una marca a raíz del golpe que recibió en el ojo derecho durante el combate por el repechaje.
Esa "huella" dejada por Talitiga Crawley, de Samoa, fue una muestra de la dura jornada que debió atravesar Espinoza para subirse al podio. El primer sofocón llegó en el debut ante Davin Sorn, rival oriunda de Camboya, que en los papeles parecía accesible pero que terminó por complicarle el combate al punto de ganarlo por un ajustado 6-4. Luego, llegaría el golpe más duro ante la serbia Milica Mandic, al cabo la nueva campeona olímpica, quien se impuso por 6-4 gracias a una acción que todavía deja dudas: una patada que habría rozado el rostro de María del Rosario.
Ante ese cuadro, la mexicana debía esperar que la serbia alcanzara la final para tener la chance de ir al repechaje. Y quizá como pocas veces en el día, la fortuna estuvo de su lado, ya que accedió a esa posibilidad luego de que Mandic le diera una verdadera paliza de 11-3 a la rusa Anastasia Baryshnikova, nada menos que la última campeona europea.
"Tuve miedo de no ir al repechaje, sobre todo cuando la competidora de Serbia se tuvo que enfrentarse con la de Rusia", admite María en referencia a ese duelo de semis.
La historia posterior marca una fácil victoria ante Crawley por 13-0 y un choque durísimo con la cubana Glenhis Hernández, a la que terminó superando por 4-2 para alzarse con el bronce.
"La de Beijing fue muy importante, pero este ciclo olímpico fue muy diferente al anterior. Tener esta medalla de bronce, para mí es algo muy grande", asegura Espinoza.
De ese modo, sin mencionarlo, la mexicana recuerda el proceso que debió superar para llegar hasta aquí, que además de una lesión incluyó una pobre actuación en el Mundial de Gyenjou 2011 y quedar afuera de los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, nada menos. Por esa razón, quizá consciente de que no era favorita, no dudó en afirmar: "Esta medalla es más especial que la de oro".
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